Las disensiones internas arrecian en la cúpula del ejército de Estados Unidos a causa de una desastrosa planificación de la Guerra de Oriente Medio, que puede agravarse con la incursión terrestre, si es que finalmente se produce.
El jueves el jefe del Pentágono, Pete Hegseth, destituyó al general Randy George como jefe del Estado Mayor del ejército, junto con al menos otros dos generales: David Hodne y William Green. Desde que llegó al cargo, Hegseth ha destituido a más de una docena de generales y almirantes.
En febrero del año pasado fue destituido al general Charles Brown de la presidencia del Estado Mayor Conjunto, reemplazándolo por el general Dan Caine. En los meses siguientes, los jefes de la Armada, la Guardia Costera y la Agencia de Seguridad Nacional también fueron destituidos.
En mayo del año pasado Hegseth ordenó una reducción estructural del 20 por cien en los puestos de generales y almirantes de cuatro estrellas, lo que implicó una desbandada de altos oficiales del ejército, que no quieren responsabilizarse del estrepitoso fracaso en la guerra.
El general George, graduado de la Academia Militar de West Point y veterano de las campañas de Irak y Afganistán, había sido nombrado como el 41 jefe del Estado Mayor del Ejército en 2023 por Biden. Su despido es efectivo de inmediato, según un comunicado de Sean Parnell, portavoz del Ministerio de la Guerra, que no da más explicaciones.
Según la cadena CBS, Hegseth quiere nombrar para el cargo a alguien que sostenga la política militar del gobierno de Trump y se responsabilice de ella si es necesario.
El Pentágono miente sobre el número de bajas en la Guerra de Oriente Medio
El Pentágono miente sobre el número de bajas en la Guerra de Oriente Medio. Se niega a reconocer la muerte o las heridas de casi 750 soldados desde octubre de 2023, incluidas centenares de víctimas en la guerra actual en Irán, proporcionando cifras mínimas y obsoletas, según The Intercept.
Durante la guerra actual, el Centcom ha proporcionado a los medios de comunicación cifras antiguas, anunciando el lunes un número de 303 soldados heridos y negándose a informar sobre las muertes (estimadas en 15 al menos).
Las cifras no incluyen a los más de 15 soldados heridos en los ataques iraníes del viernes pasado contra una base aérea saudí, ni a los más de 200 marineros que sufrieron inhalación de humo y otras heridas después de un misterioso “incendio en la lavandería” a bordo del portaaviones Gerald Ford, que lo puso fuera de servicio.
Pero las cifras reales podrían ser aún peores. La semana pasada, un portavoz militar iraní dijo que “prudentemente” estiman que hasta el momento han caído de 600 a 800 soldados estadounidenses, y alrededor de 5.000 han quedado heridos. Esto ocurrió en medio de ataques iraníes masivos contra bases estadounidenses en la región, así como ataques dirigidos a hoteles donde se esconden fuerzas estadounidenses y agentes de la CIA.
El Pentágono utiliza numerosos trucos para maquillar las cifras de bajas. No informa de heridas no mortales o menores. Utiliza contratistas y “agentes especiales” que no se contabilizan entre las cifras de “muertos en combate”.
Además, no añade a los soldados que mueren a causa de sus heridas al número de muertos en combate. También retrasa la publicación de los nombres cuando la identificación positiva del cadáver no es posible.
Finalmente, sanciona a los medios de comunicación por divulgar las cifras internas de víctimas que manejan.
Los ataques con misiles iraníes de enero de 2020 contra bases estadounidenses en Irak en represalia por el asesinato del general Soleimani son un ejemplo revelador. Inicialmente afirmaron que no se habían producido bajas, pero las cifras del “traumatismo cerebral” pasaron de 34 a 50, luego a 64 y finalmente a 109, un aumento de más del 300 por cien.