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Durante los gobiernos de Moreno, Lasso y Noboa, Ecuador se convirtió en una superautopista de la cocaína, según NEW YORK TIMES


Una investigación internacional sostiene que, desde 2017, la expansión de bandas locales, la presencia de cárteles extranjeros y el debilitamiento del control estatal transformaron a Ecuador en el principal punto de salida de cocaína hacia el mundo.

Desde finales de la década pasada, Ecuador pasó de ser un punto estable de la región a convertirse en la principal ruta de salida de cocaína hacia Estados Unidos y Europa. Aunque el país no produce la droga, su posición entre Colombia y Perú facilitó el tránsito y presencia creciente de redes criminales, lo que lo convirtió en “el mayor exportador de cocaína del mundo”. Así lo dicen dos artículos del periódico estadounidense New York Times.

Lenín Moreno: el origen del problema

Durante el Gobierno de Lenín Moreno, desde 2017, se observó el avance de cárteles mexicanos que empezaron a coordinar operaciones con grupos colombianos y bandas locales ecuatorianas. Ese proceso coincidió con un cambio de prioridades en Washington, según analistas y funcionarios. Estados Unidos concentró sus recursos en la crisis por el fentanilo y restó atención a la cocaína, lo que abrió espacio para la expansión de estas organizaciones.

La falta de acciones en seguridad y control durante el gobierno de Lenín Moreno permitió el aumento del tráfico de drogas y el crecimiento de la inseguridad. “Ecuador se consideraba un centro de estabilidad en comparación con sus países vecinos (…). Durante la primera presidencia de Trump (2017), los cárteles mexicanos aumentaron su poder en el país”, indica el artículo. Ese periodo coincide con el inicio del mandato de Moreno en Ecuador.

Guillermo Lasso: la escalada de violencia y tráfico de cocaína aumentó

Para 2021, con Guillermo Lasso, la violencia comenzó a escalar de forma más visible. El Estado perdió control sobre las cárceles y esas cárceles se transformaron en centros de reclutamiento y administración criminal. Diversas fuentes diplomáticas sostienen que Ecuador estuvo cerca de quedar bajo la influencia directa de una alianza internacional entre cárteles, guerrillas, mafias europeas y pandillas locales. Funcionarios estadounidenses calculan que hasta el 70% de la cocaína mundial se mueve por territorio ecuatoriano.

Por la escalada de violencia, varios diplomáticos estadounidenses que operaron en Ecuador durante esos años afirmaron que advirtieron sobre la situación en el país. Las advertencias no obtuvieron respuesta inmediata porque Ecuador no mostraba un problema interno con fentanilo, según las autoridades de ese país. Además, las muertes por cocaína en Estados Unidos eran bajas frente a las causadas por opioides, lo que llevó a que, durante los gobiernos de Trump y Biden, la cocaína dejara de ser una prioridad.

No obstante, cuando las alertas sobre Ecuador aumentaron, el país ya enfrentaba asesinatos en alza, coches bomba y una presencia criminal que superaba las capacidades del Estado. Estados Unidos incrementó luego la ayuda, amplió la oficina antidrogas en Quito y aumentó la asistencia en seguridad. Aun así, el impacto resultó limitado.

Oficiales ecuatorianos aseguran que las organizaciones criminales disponen de armamento, financiamiento y capacidad logística capaces de superar cualquier refuerzo institucional. La corrupción dificulta los operativos y muchas misiones se filtran antes de ejecutarse. La pobreza —y la falta de acción estatal para resolver ese problema— empuja a adolescentes a incorporarse a bandas, mientras que la preparación militar requiere años y no logra igualar el ritmo delictivo.

Daniel Noboa: su intento fallido del control de la inseguridad

Con la llegada de Daniel Noboa en 2023, Ecuador adoptó medidas de excepción y una ofensiva militar permanente. El gobierno desplegó fuerzas en las calles y promovió consultas populares vinculadas a la seguridad. La violencia no disminuyó: secuestros de policías, atentados, asaltos a canales de televisión y explosiones en espacios públicos se convirtieron en episodios frecuentes. Varias ciudades del país ingresaron entre las más peligrosas del mundo, algo impensable una década atrás.

El involucramiento militar de Estados Unidos en aguas del Pacífico se presenta como parte de una campaña contra el tráfico de drogas. Sin embargo, fuentes diplomáticas señalan dudas sobre los objetivos reales, por la insistencia en operaciones cerca de Venezuela, cuya participación directa en la cadena de la cocaína no resulta determinante.

El aumento del consumo de cocaína en el mundo confirma que el negocio en expansión no solo responde a la oferta latinoamericana. Según datos internacionales, más de 25 millones de personas consumieron cocaína en 2023, una cifra muy superior a la de una década anterior. Este incremento alimenta una cadena donde Ecuador se volvió el punto clave de salida hacia los mercados europeos y estadounidenses, desde 2017.

Diplomáticos de distintos países afirman que esa amenaza compromete la estabilidad de Ecuador. La “guerra existencial”, como algunos la describen, ocurre en un país que durante años mantuvo un perfil de estabilidad y que ahora enfrenta un escenario con repercusiones continentales. El desplazamiento de la atención estadounidense hacia el fentanilo provocó que la cocaína recuperara un espacio que parecía reducido, y convirtió a Ecuador en una ‘superautopista de la cocaína’ para las redes criminales, enfatiza la investigación.

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